martes, 30 de agosto de 2022

Para amigos y enemigos, algunos puntos de vista.

 


R. Dávila *

*Académico cubano.       

  Para el análisis de la realidad cubana, histórica o actual, el autor declara su filiación marxista-leninista, con la intención de aplicar modestamente la concepción metodológica en alguna medida aprendida en la práctica revolucionaria cubana, con la clara influencia de Fidel y Raúl, y la formación teórica también estudiada y aprendida desde esa praxis.


  Hablando de la sociedad cubana de hoy, algunos teóricos del patio aluden a Marx y su obra cumbre, El Capital. Es útil tal referencia, pero prefiero yo comenzar a destacar ideas contenidas en un pequeño libro, que según Lenin, vale por tomos enteros: El Manifiesto Comunista.

  Elaborado en 1847, mucho antes de ser concebida, elaborada y publicada la obra cumbre, el Manifiesto es una síntesis de las posiciones y concepciones teóricas de Marx y Engels.

 En el prólogo a  la edición alemana de esta pequeña gran obra, en 1883, Engels destaca: “La idea central que inspira todo el Manifiesto, a saber: que el régimen económico de la producción y la estructuración social que de él se deriva necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual se asienta la historia política e intelectual de esa época, y que, por tanto, toda la historia de la sociedad”.

 En el segundo capítulo del Manifiesto, sus autores señalan: “Las proposiciones teóricas de los comunistas no descansan ni mucho menos en las ideas, en los principios forjados o descubiertos por ningún redentor de la humanidad. Son todas expresiones generalizadas de las condiciones materiales de una lucha de clases real y vívida, de un movimiento histórico que se está desarrollando a la vista de todos”.

 Aunque, idílicamente, hoy algunos pretenden ignorar, negar y no hablar de la existencia de las clases y sus luchas, es una ley histórica que está ante nuestros ojos, en el movimiento práctico que sustenta cualquier teoría.

 Partiendo de estas tesis teóricas, debo afirmar que la Revolución Cubana, dirigida por Fidel, Raúl  y su dirección histórica, es el acontecimiento de mayor transcendencia de la historia cubana, que posibilitó la transformación radical transcendental de carácter socialista, de la sociedad en que vivimos, no realizada de un día para otro, sino a través de muchos años, creando un sistema social que no se puede desmontar en un día, un mes o un año, o cualquier período de tiempo, porque han sido muchas las transformaciones y ya nunca se podrá actuar como antes de este suceso en nuestra historia común.       

 Hay ejemplos ante nuestros ojos: el derrumbe de la antigua comunidad socialista esteeuropea y su azaroso camino hacia el restablecimiento del capitalismo, donde se ve que conquistas del socialismo vivido no como proyecto, sino como realidad, no se han podido eliminar aún.      

 Los intentos de restaurar el capitalismo en nuestra patria chocan con la realidad de las conquistas socialistas alcanzadas, pero se sigue intentando hacerlo, desde fuera por el enemigo mayor, que impone a Cuba un bloqueo integral, no solo económico, y desde dentro por lacayos de ese imperio que les paga. Y si algunos piensan por si mismos sin que ese enemigo les pague, que ese es el camino a seguir, están traicionando a su país por ser ciegos y no conocer la historia real, dejándose llevar por cantos de sirena.

 Los cambios que hoy se realizan en Cuba, por necesidad, para existir como nación, y constituyen en algunos casos retrocesos en el proceso revolucionario transformador, no impiden la continuidad de esos cambios para perfeccionar, modificar lo inevitable. Pero no se puede ser ciego ni hacerle el juego al enemigo, que siempre está presente. Hay que seguir adelante con la obra, como hacen los dirigentes de hoy, para seguir haciendo revolución socialista, acompañados por el pueblo revolucionario mayoritario, haciendo y no pidiendo para vivir de lo alcanzado por los resultados de la obra.

 El enemigo no son solo los mercenarios pagados, las redes sociales alternativas de contenido abiertamente contrarrevolucionario y calumnioso, es el sistema del capitalismo que nos rodea, que crea realidades a su imagen y semejanza, antivalores, influye en la conciencia individual haciendo ver que el sistema es bueno, escondiendo sus contradicciones y desgracias.

 Y en mi opinión, nuestro sistema socialista no está dando respuesta ideológica integral oportuna a las acciones de un sistema que tiene de experiencia más de 500 años. El capitalismo es un sistema integral. Necesitamos un sistema integral de respuesta a sus acciones, que claramente no es solo ideológico.
 

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