Por Alejandro Sánchez
“El mundo transita del orden unipolar al multipolar. Rusia y China están ganando, Estados Unidos está perdiendo”.
¿Cómo relacionar uno y otro para resumir el 2025?
Estados Unidos inició el 2025 ya en un franco proceso de deterioro, una de las pocas cosas sinceras que dijeran en sus discursos eleccionarios, Donald Trump y otros muchos. Precisaban de dos factores fundamentales; disminuir su deuda pública y generar una mayor producción nacional en temas claves (tecnología de punta; quántica, IA, michochips, etc).
Lo primero, a pesar del esfuerzo de Elon Musk y el DOGE, fue imposible. De ahí que el magnate abandonara el cargo entre supuestas disputas de orden político cuasi personales. ¿Se ha hablado algo más de eso? No, y no solo por el terma Eipstein, el Nobel que nunca fue, y otras acrobacias mediáticas de Trump, incluida la mencionada invasión a Venezuela. La única causa real es que la propia lógica autodestructiva capitalista impidió reducir costos. Tenían varias opciones; desde comprimir su economía y retirar al dólar de su papel de reserva mundial, pasando por gestionar menos capitalistamente el sistema, hasta abandonar su papel de Hegemón. No acometieron ninguna de estas variantes y finalmente, tuvieron que adoptarlas casi todas, a voluntad o no.
El año ha sido la continuidad del escenario de la Tercera Guerra Mundial que inició en febrero de 2022. Y Trump comenzó la tarea intentando presionar a Rusia y China en su manera muy particular de hacer las cosas; indistintamente pretendió separarlos o enfrentarlos, torcer el brazo a sus aliados o socios comerciales, generar nuevos conflictos mediante proxys, desestabilizar sus regiones fronterizas… Serbia, Cáucaso, Siria, Irán, India y Pakistán, Filipinas, África, mientras en Ucrania no se retiran del todo mientras fingen hacer la paz. Sí, porque aunque en el discurso oficial ruso se alabe a Trump por sus esfuerzos, saben muy bien que las pocas capacidades ofensivas que aún le quedan a Kiev dependen de la información de Inteligencia norteamericana y británica, que es decir lo mismo.
A un tiempo, Trump aplicó aranceles, redirigió inversiones, intentó chantajes, compras y hasta robó. Sin destruir el propio sistema capitalista solo le queda suicidarse (cualquier opción militar a gran escala de Estados Unidos actualmente es incosteable e irrealizable) invadiendo una Venezuela que se convertiría en un nuevo y definitivo Vietnam (recordar que fue aquella confrontación la que obligó a la economía norteamericana a abandonar los acuerdos Breton-Woods), o destruir su propio sistema-mundo arrebatándole Groenlandia y el acceso al estratégico Ártico a Dinamarca, miembro de la OTAN y su aliado en Europa.
Venezuela no se doblegó ni implosionó, únicas vías para hacerse con sus recursos de manera rápida y con pocos gastos. Si no hay invasión, la lógica indica que Estados Unidos no puede con ese reto, lo cual no es solo un foco de atención económico y militar, sino incluso, y con mucha mayor significación, simbólico. Y en gran medida no pudo con el reto, por la acción de Rusia y China (también de Irán) en apoyo a Caracas. Lo cual nos lleva al tema de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional: América Latina como su fuente de recursos a explotar (bien encaminado sí está en ese punto), Europa como mercado esclavo de sus costosas producciones y el apoyo irrestricto a Israel. Lo previsible desde 2024. Estados Unidos, sin negociaciones, ni reparto imperial, firmó su Acta de Capitulación como Hegemón Mundial.
Beijing y Moscú nunca negociaron, quieren todo o nada, y su apoyo a Nicaragua, Venezuela y Cuba, demuestran que no están dispuestos a respetar a Estados Unidos ni en su patio trasero. Sin declaraciones públicas irritantes, sin negociaciones, porque saben que cualquier acuerdo con Washington es papel mojado, ofrecieron asistencia a las presiones, desafíos a los chantajes y medidas coercitivas, avance en todas las áreas, desdolarización gradual, crecimiento de los BRICS, inversiones al por mayor en América Latina… En fin, están ganando.
Si fácil es resumir el 2025, un poco menos lo es pronosticar el 2026, pero algunos puntos se vislumbran y no será un año tranquilo, sino muy posiblemente, de muchas definiciones. Y el factor determinante será como Estados Unidos y las grandes élites transnacionales asuman su derrota. Será un período continuo de desestabilización, de presiones y riesgos globales.
Ucrania está colapsando; campo de batalla más visible de esta Tercera Guerra Mundial, y Europa la seguirá. La Unión Europea y la OTAN marchan inexorables a su desintegración. Los propios norteamericanos se lo han dicho, pero además, lo necesitan. Estados Unidos requiere una Europa débil, dependiente de él, casi tercermundista, pues le traería muchos beneficios en su crisis final.
África debe reactivarse como zona de conflicto; por sus recursos y debilidad estructural. Ante la imposibilidad de tener muchos recursos de una vez, Estados Unidos debe agenciárselos de a poco: Nigeria, Angola son países con importante reservas energéticas, e Israel acaba de hacer un movimiento estratégico por el otro extremo del continente. Pero para una región donde ya chinos y rusos lograron retirar a Francia y se mueven nuevas tendencias panafricanistas, el conflicto está servido.
El Medio Oriente solo puede marchar a una resolución de su mayor y más añeja disputa histórica: la existencia del Estado de Israel. Una nueva confrontación con Irán es inevitable y muy posiblemente sea la última. Varias noticias recientes apuntan a que los contendientes ya se están preparando. Decisivo el papel que decida seguir jugando Turquía: tanto si se pliega a Estados Unidos como si continúa con su sueño de superpotencia, no ayudará en nada a la estabilidad regional y entrará en rumbo de colisión con Rusia e Irán por un lado, y con las monarquías del Golfo por el otro. Tanto Líbano como Siria, por su situación geográfica y social interna, son los campos de batalla perfectos.
El resto de Asia, su mayor parte, depende grandemente de dos posibles conflictos: Pakistán-India, y Taiwán. El primero, a nuestro parecer nunca escalará hasta una confrontación abierta y por una simple razón: India sabe que un país en guerra no crece y aunque sueñan también con ser imperio civilizatorio, no podrán lograrlo si entran en conflicto con su vecino en el Punjab y menos contra China. En cuanto a Taiwán, sería la guerra más breve que protagonizaría Estados Unidos de manera directa o a través de un proxy, sea el propio Taipei, Filipinas o Japón. Asia debe marchar, como ninguna otra región a una estabilización y crecimiento exponencial de sus economías, redefiniendo el Mundo y la civilización por el próximo milenio.
“El desenlace de la lucha depende, en última instancia, del hecho de que Rusia, la India, China, etc., constituyen la mayoría gigantesca de la población. Y precisamente esta mayoría de la población es la que se incorpora en los últimos años con inusitada rapidez a la lucha por su liberación, de modo que, en este sentido, no puede haber ni sombra de duda respecto al desenlace final de la lucha a escala mundial. En este sentido, la victoria definitiva del socialismo está plena y absolutamente asegurada”.
“Mejor poco, pero mejor”. Vladimir Ilich Lenin. Pravda. 4 de marzo de 1923.
América Latina tiene asegurado un destino cruel sin una radicalización de las fuerzas de izquierda o mínimo de proyectos de desarrollo independiente a Estados Unidos. Y la desunión por cuestiones equivocadamente doctrinales en, (y con), los casos de México, Venezuela, Bolivia y Ecuador, pero sobre todo los dos primeros por su peso estratégico, no ayudan a la creación de un frente común que permita primero destruir a nuestro enemigo común para después enfocarnos en las diferencias ideológicas. Brasil, más bien Lula e Itaramaty, parecen haber comprendido que su momento de gloria no vendrá de la mano de Estados Unidos o Europa. Y Argentina tendrá que sufrir mucho más. Sin una fuerza política real que represente el sentir de la población, no habrá situación revolucionaria, en esa hermana nación.
En cuanto a Estados Unidos; un final anticipado de Donald Trump no es improbable, tanto por problemas médicos, como por el Caso Eipstein, pero más bien será por causa natural del desgaste demasiado pronto de su papel sujeto de distracción mediática. La velocidad con la que está financiando su retiro lo confirma. Ideológica y políticamente la fuerza más preparada y mejor posicionada para sustituirlo es la corriente MAGA original: el conservadurismo más extremo en lo económico, moral y político. Y cuando Estados Unidos se vea ante su real situación, incluso muchos demócratas abandonarán su liberalismo económico y globalismo woke para abrazar la causa de “Salvar América”. Existe un núcleo fuerte alrededor del vicepresidente J.D. Vance, un grupo oscuro y anodino, pero mucho más inteligente que el circo que dejaron a Trump montar para este, su segundo mandato.
Una vez más debemos citar a Marx en su “18 de Brumario de Luis Bonaparte”: Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa.

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