Una calle cubana en los días del paso del huracán Melissa
Por Alejandro Sánchez
Dedicado al pueblo de Cuba, al que resiste y defiende la Revolución de Fidel. Y a Raúl.
Ni es malo, ni es bueno, comenzar el resumen anual de un año como fue escrito el del anterior:
“La realidad nacional estuvo signada en 2024 por un sentimiento de incertidumbre. Quizás a algunos esto pueda parecerles erróneo o inconcebible de decir por revolucionarios, pero no podemos confundir deseos con realidad, y la media, aunque si es verdad que la Revolución continúa teniendo apoyo, es que muchos no comprenden la actualidad nacional.
Y la incertidumbre parte de:
• Una situación económica que no parece reaccionar a las medidas que se aplican,
• Los resultados inmediatos de esas propias medidas, que se proyectan hacia un objetivo pero que parecen ir hacía otros, mientras atomizan aún más el entramado social cubano, generando consecuencias que no parecieron ser previstas, o entendidas, o que fueran de la dimensión exagerada que son,
• Por una comunicación y un discurso políticos que en propias palabras del Primer Secretario del PCC parece no aglutinar voluntades o entendimientos,
• Por un posicionamiento de Cuba en el nuevo escenario mundial que parece definirse, pero no con total claridad.
Si nota que estas primeras líneas están repletas de supuestos es precisamente porque esa es la percepción de amplios sectores en el país. Tener certeza en el proyecto, en el legado de Fidel, no se revierte incondicionalmente en fe ciega y esa es la primera enseñanza que debemos sacar de este año que termina”. Fin de la cita, pero totalmente aplicable al 2025.
Cuando el balance no es positivo, presentar una continuidad de factores poco estimulantes de un año a otro solo puede traer más cuestionamientos que aplausos.
En cuando a la situación económica, los pasos que se han dado, sensorialmente y en el bolsillo del cubano medio, son negativos, y si no se entiende tampoco la explicación para solucionarlo, mal andamos. Las dudas reales que transmite una estrategia económica marcada por la denuncia por espionaje contra el ex vice primer ministro Gil, y un Programa de Gobierno, genérico y poco articulado, no ayudan. Y sí el discurso político comunicacional está plagado de inconsistencias e incoherencias ideológicas, o voluntariedades e iniciativas personales, es peor.
El linchamiento mediático por parte de la contrarrevolución y otros no identificados como tal, de cualquier figura que se identifique como revolucionaria, incluso de aquellos que no son llamados “ultras” o extremistas, solo demuestra que cualquier postura un poco más revolucionaria que el centrismo seudomarxista y liberal, será atacada hasta que ninguna acción en las redes sociales, en la academia, en la intelectualidad e incluso en lo político, sea revolucionaria. El Mundo se está radicalizando y no es casual. Las miradas de las izquierdas latinoamericanas se dirigen a otros faros que no son Cuba y no es casual.
Las críticas de parte de la población (la más afectada y la más ideológicamente preparada) a la aplicación de relaciones capitalistas para desarrollar la economía es el reflejo esperado de las contradicciones sociales, de clase y políticas que están generando. Sí, producen desarrollo (solo para algunos si son mal aplicadas sin criterio político), pero también desigualdades, discriminación, sustitución de valores proletarios por burgueses y la pérdida de los principios revolucionarios. También llevan al posicionamiento de una intelectualidad orgánica (consciente o no) afín a la restauración capitalista en Cuba, sea de manera consciente o no, por voluntad o por error inducido.
Una cosa es el reacomodo estratégico y otra muy distinta el abandono de la teoría revolucionaria. Quien cuestiona como dogmatismo que el socialismo debe buscar la eliminación total de la propiedad privada en Cuba, Fidel lo enunció en su discurso de la Universidad de La Habana de 2005, para luego defender la existencia de relaciones capitalistas acudiendo a citar la NEP de Lenin, o los modelos chinos y vietnamitas, o cualquier otro argumento servil al desmontaje de la Revolución, no solo peca de dogmático, sino que coquetea con lo contrarrevolucionario. El mayor riesgo que corre el socialismo cubano es que quienes dirigen, asesoran, ejecutan, controlan… olviden el USO de las relaciones capitalistas como MEDIO TEMPORAL y ALTERNATIVO de desarrollo a adoptarlas (o incluso lleguen a elegirlas) como MODO de vida.
“En este mundo real, que debe ser cambiado, todo estratega y táctico revolucionario tiene el deber de concebir una estrategia y una táctica que conduzcan al objetivo fundamental de cambiar ese mundo real. Ninguna táctica o estrategia que desuna sería buena”. Dijo Fidel en esa ocasión del 2005, y nunca su legado ha estado más presente, ni ha sido más necesario. Cualquier semejanza de esa frase con la realidad actual, no es coincidencia, sino, como ya dijimos, la consecuencia natural de la economía de mercado y las relaciones capitalistas de producción, y de una interpretación muy particular de la teoría revolucionaria.
En un 2026 donde cada vez más se muestra el nuevo mundo que se avecina, y Estados Unidos y Europa fluyen al colapso, la política exterior de Cuba debe estar cada vez más del lado del Sur Global y de los intereses estratégicos que la beneficien. La coherencia política anti imperialista y la valentía diplomática siempre fue un mérito de Cuba, aun cuando tuviéramos que apoyar situaciones tácticas que no compartíamos.
En un 2026 donde ya se aprobó la descentralización de funciones a nivel provincial y municipal, no debe descentralizarse la planificación comunista de la economía, teniendo en cuenta primero, lo político, y después el impacto social e ideológico, y en segundo lugar, las debilidades en algunos de los cuadros elegidos que han dirigido en esos niveles, e incluso en otros superiores.
En un 2026 donde son estratégicos renglones como la alimentación, el transporte y la Comunicación, su gestión y control no puede dejarse al azar, y menos en una indefinida nebulosa de medios fundamentales y no fundamentales, deben, irremediablemente, estar bajo control del Estado, y fortalecer modos de gestión verdaderamente socialistas, donde no cabe el sector privado como no sea en un papel de subordinación total.
En un 2026 donde se abrirá la economía a diversas inversiones, y se pretende ampliar la economía no puede aspirarse a “apagones”, de solo 8 horas. La solución energética debe ser prioridad, no por iniciativa privada, y debe estar incluida la opción termonuclear. Sin energía no hay desarrollo.
Como tampoco puede olvidarse que el sector privado no es socialista, y menos comunista, y que su único interés es generar plusvalía para sí, lo que genera concentración de capital, identidad de clase, conciencia de clase e interés en el poder político para así reproducir las condiciones que le permitan lograr o aumentar ese poder. Las viejas formas de producción capitalistas no son incompatibles con la transición socialista, siempre y cuando estemos conscientes que tienen que desaparecer algún día para construir el comunismo como planteara Raúl en su propuesta de posposición del IX Congreso del PCC.
La cienticidad de la doctrina marxista-leninista está probada y funciona, y no ha perdido nada de su vigencia. Pero también persisten la seudociencia en el marxismo y la ignorancia doctrinal, y la única defensa a eso es la fortaleza teórica.
Estamos viviendo ya el Centenario de Fidel. Y Fidel no es consigna, es teoría revolucionaria, es método de lucha, es práctica comunista. Si algo caracterizó a Fidel fue su coherencia, así que no manipulemos, seccionemos, seleccionemos a conveniencia su legado. O lo tomamos completo o no mancillemos su nombre. No lo pongamos en nuestros discursos sino lo vamos a hacer parte de nuestra obra.

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