Entre
las personas afectadas por la presencia del Ejército de Ucrania en
zonas residenciales de Mariúpol se encuentran algunos extranjeros.
Gabriela
Gómez, una joven cubana que se había mudado a la ciudad hace unos años y
aspiraba a tener una vida tranquila, relata que vivió una pesadilla
cuando los soldados ucranianos utilizaron su casa como trinchera.
En torno a la guerra en Ucrania, los medios y gobiernos occidentales nos prohíben leer otro libro que el escrito por la OTAN.
Censura absoluta: 1984
Los medios rusos que, durante años, han sido espacio para analistas
internacionales críticos (1) (2), han sido prohibidos por EEUU, la Unión
Europea (3), Reino Unido (4) y otros aliados. Su señal abierta, sus
canales YouTube (5) y todas sus redes sociales. Sin decisión judicial
alguna.
Google ha borrado de su buscador sus contenidos anteriores, su
hemeroteca (6). Para reescribir la historia, como el Ministerio de la
Verdad de la novela “1984”.
Los medios aplican una censura estricta. Dejando –eso sí- algunos
espacios testimoniales que justifiquen su falsa pluralidad. Liu Sivaya,
politóloga rusa, se enfrentaba a una jauría en el canal español Cuatro
(7). Al denunciar los ocho años de bombardeos ucranianos en Donbass,
tuvo que escuchar que eran “matices irrelevantes”: “Me parece un
auténtico insulto que empecemos con matices irrelevantes ante una
situación que es tan sumamente clara, que no permite tomar blancos y
negros y en la que está clarísimo quiénes son los buenos y los malos”,
decía la tertuliana Ketty Garat.
Precisamente por relatar la situación en Donbass, el diario francés
“Le Figaro” censuró un reportaje de su corresponsal Anne-Laure Bonnel
(8). El coronel español Pedro Baños decidió abandonar sus apariciones en
televisión tras recibir serias amenazas. La razón: el tono neutral de
sus análisis sobre el conflicto (9).
YouTube ha censurado no solo a medios y periodistas de Rusia con
millones de seguidores (10). También documentales como “Ukrania on
fire”, de Oliver Stone, realizado hace ya seis años (11).
Twitter ha etiquetado como “medios afiliados al gobierno ruso” las
cuentas de todo periodista que haya colaborado, en algún momento, con
algún canal público ruso (12). Es la “estrella amarilla” con la que
marcarlos, profesionalmente, de cara al futuro (13).
Para la propaganda de guerra contra Rusia en la red TikTok, Joe Biden
convocó a los 30 ticktokers más influyentes, dándoles un mensaje claro a
difundir: el culpable de la inflación en EEUU es Putin (14).
Facebook e Instagram han levantado la prohibición de los mensajes de
odio si estos son contra Rusia, permitiéndose los llamados a matar a los
presidentes ruso y bielorruso y los elogios al Regimiento nazi
ucraniano Azov (15).
Las redes permiten y jalean este odio antirruso: políticos como el
senador estadounidense Lindsey Graham han pedido en Twitter el asesinato
del presidente Vladimir Putin, sin que la red les haya limitado (16).
En “medios serios”, como NBC News, un reportero proponía un ataque de
la OTAN a convoyes rusos, o lo que es casi lo mismo, el inicio de la III
Guerra Mundial (17).
La periodista rusa que protestó en televisión contra Putin y a la que
solo le han impuesto una multa, es ya una estrella mundial (18). Pero
sobre un periodista europeo, el vasco Pablo González, que lleva casi un
mes encarcelado e incomunicado en Polonia, acusado de ser “espía ruso”
por informar sobre el drama en Donbass, el silencio mediático es casi
absoluto (19).
El nazismo bueno
El periódico catalán La Vanguardia realizaba una promoción comercial
con el lema “Stop Putin. La desinformación nos quiere divididos” (20).
Traducido: la unidad contra el único villano (Rusia) requiere aplastar
toda información y opinión que contradiga la versión oficial europea.
Borrando para ello, por ejemplo, los crímenes de nuestro aliado,
Ucrania. El diario español ABC eliminaba las noticias que había
publicado, en 2016, sobre violaciones a niños y niñas por parte del
ejército de Kiev (21).
Llaman “Centro para el Mantenimiento de la Paz” a una base de
entrenamiento de mercenarios (22). Palabra –por cierto- prohibida en los
medios: son “combatientes extranjeros” (23). Así despedía la entrevista
a uno de ellos una reportera española: “Esta misma tarde él se marcha
en un autobús hacia España, preparado con refugiados ucranianos y en el
que van a ir algunos de los combatientes extranjeros españoles”. Este
mercenario de ultraderecha regresará a su casa sin ser detenido ni
interrogado. Sin pasar el calvario policial y judicial que sufrieron
ocho milicianos de izquierda al regreso de Donbass en 2015, tras ser
etiquetados por los medios españoles como “prorrusos” (24).
¿Algún informativo ha hablado sobre Fahrudin Sharafmal, presentador
ucraniano que, en directo, hizo un llamamiento a degollar a todos los
niños rusos (25)? ¿Y sobre Gennadiy Druzenko, director de un Hospital
Móvil de Voluntarios, que ordenó castrar a los soldados rusos por ser
“cucarachas” (26)? ¿Y sobre los actos de humillación pública, en
Ucrania, a personas gitanas, pintadas de verde y atadas a postes (27)?
Nada.
El Regimiento Azov, compuesto por neonazis, es una fuerza voluntaria
de reserva de las Fuerzas Armadas de Ucrania (28) (29). Y sus miembros
–nazis- son entrevistados, como si tal cosa, por medios como la CNN
(30). Azov ha recibido armas de gobiernos europeos, como el de España
(31): compradas con mil millones de euros del “Fondo Europeo en Apoyo
–no se rían, no- a la Paz” (32). En el canal español Cuatro, un
“experto” daba –con toda tranquilidad- lecciones de cómo emplear este
armamento para "matar más rusos" (33): “Soy optimista de una manera nada
más: hay que matar más rusos (…) Porque el pueblo ucraniano lo necesita
para poder llegar a una buena negociación”, decía el instructor militar
José Jiménez Planelles.
En Portugal, un juez ha levantado, al neonazi Mario Machado, la
obligación que tenía de presentarse quincenalmente, al haberse ofrecido a
ir a Ucrania para brindar –sigan controlando la risa- “ayuda
humanitaria” (34).
¿Que el presidente Volodímir Zelenski haya otorgado el título de
Héroe Nacional de Ucrania a Dmytro Kotsyubail (35), líder del grupo
paramilitar Pravy Sektor, artífice de la masacre de los sindicatos de
Odessa, en 2014, en la que 46 personas fueron quemadas vivas (36)? No lo
oirán.
¿Que el Servicio secreto ucraniano ha asesinado a un miembro de su
propia delegación negociadora con Moscú por “traición” (37)? Cosas de la
guerra.
En las televisiones nos muestran una exposición-protesta por las
niñas y niños muertos, estas semanas, en Ucrania (38). Excelente. Y la
exposición en Moscú “Mira a los ojos del Donbass”, sobre los más de 150
menores asesinados por fuerzas ucranianas en estos últimos ocho años,
¿en qué informativo ha salido (39)?
Fake news for war
Hay que convertir un tanque ucraniano que aplasta un coche en un
"tanque ruso" (40). Un misil ucraniano que derriba un bloque de
viviendas en un “misil ruso” (41). Una niña de Donbass víctima de las
tropas ucranianas, en una niña de Kiev (42).
Hay cientos de fake news parecidas (43). El telediario de Antena 3,
el más visto en España, abrió con imágenes de una explosión en China
como si fueran bombardeos de Rusia (44).
“Una carnicería”, titulaba en portada el diario italiano La Stampa,
con la foto de civiles masacrados en un bombardeo ruso (45). ¿Ruso? No.
La imagen era de Donetsk (Donbass), donde murieron 30 civiles por un
misil… ucraniano (46).
El Gobierno de Rusia asegura que no ha pedido armas a China. China lo
confirma. Pero ¿qué nos cuentan los medios? Letra por letra, lo que
dice el Gobierno… de EEUU (47) (48) (49).
Racismo clasista con ojos azules
La loable solidaridad con la población refugiada de Ucrania pasa, una
y otra vez, por un filtro de racismo clasista (50). Una periodista de
NBC: "Estos no son refugiados de Siria, son de nuestra vecina Ucrania.
Son cristianos. Son blancos. Se parecen mucho a nosotros" (51). Un
reportero de CBS: “Este no es un lugar, con todo respeto, como Irak o
Afganistán, que tiene conflictos hace décadas, este es un país
relativamente civilizado y europeo” (52). Un entrevistado por BBC: “Es
gente europea con ojos azules y pelo rubio que está siendo asesinada”
(53). Un testimonio en La Sexta: “No son los niños que estamos
acostumbrados a ver en televisión, sino niños con los ojos azules y eso
es muy importante” (54).
Y como guinda, un informativo de 13 TV (y no es una parodia): “¿La
situación de los refugiados? Pues te la puedes imaginar. Y es que es
gente como tú y como yo. He visto bolsos de Dolce & Gabbana, ropa de
Louis Vuitton, gente que podría estar en Madrid perfectamente, es gente
como nosotros y vive en una condiciones totalmente deplorables” (55).
The New York Times publicaba un mapa sobre desplazamiento de
personas: las familias ucranianas en Polonia son “refugiadas” (56). Las
de Donbass en Rusia, sin embargo, son “migrantes”. Aunque huyan de las
bombas ucranianas.
Mientras la Unión Europa ha dado la orden de regularizar, de manera
extraordinaria, a millones de personas procedentes de Ucrania (57), la
población africana sigue siendo recibida a palos por las policías
europeas (58). Eso, quienes llegan. En el último naufragio de marzo,
cuarenta y cuatro personas morían frente a las costas canarias (59).
La geopolítica exige no martillear nuestras conciencias con las más
de 10 mil niñas y niños muertos en Yemen, por misiles de Arabia Saudí
(60). Cuyo gobierno, amigo de Occidente, no recibe sanciones. Ninguna.
Política en el deporte: ayer prohibida, hoy obligatoria
El Gran Hermano también ha llegado al deporte. La afición del
Estrella Roja de Belgrado realizó una impactante protesta contra la OTAN
en las gradas de su estadio, visibilizando los nombres de los países
que ha bombardeado (61). De inmediato, la reacción del periodismo
europeo: mentir sobre el supuesto carácter “neonazi” de dicha afición
(62). Falso.
En 2009, el futbolista Frederic Kanouté fue sancionado por la FIFA
con 3.000 euros por mostrar una camiseta en apoyo a Palestina (63). En
2016, por la misma condena a Israel por parte de su afición, la UEFA
sancionó al Celtic de Glasgow (64). Pero ahora hacer política en el
campo y apoyar al gobierno de Ucrania es obligatorio para todos los
clubs de fútbol.
“Dos individuos ya identificados por la Ertzaintza (policía vasca)
mostraron su apoyo a Rusia. Banderas a favor de Rusia en (el campo de)
San Mamés. Banderas y pancartas. La Ertzaintza ya ha identificado a los
autores”: esto decía el comentarista catalán Josep Pedrerol, tratando de
criminalizar a quienes portaban banderas de la República Popular de
Donetsk (en Donbass), un pueblo masacrado, durante ocho años, por el
ejército de Ucrania y que votó masivamente por su independencia (65).
Pero en los medios leemos que eran “pancartas a favor de la invasión
rusa” (66).
El empresario ruso Román Abramóvich se ha visto obligado a vender el
equipo de fútbol inglés Chelsea, por la presión política y mediática
(67). Pero el Newcastle seguirá en manos de la Casa Real Saudí, que
lleva siete años bombardeando Yemen y ha causado allí más de 300 mil
muertes (68). Por cierto, el 12 de marzo fueron ejecutadas en Riad 81
personas en un solo día (69). Pero la Supercopa de España seguirá
celebrándose allí, en Arabia Saudí, que paga a la Federación Española de
Fútbol 30 millones por año (70). Todo muy coherente.
La política de chantaje a escala global hace que empresarios rusos
sean sancionados no por sus decisiones, sino por las del gobierno de
Rusia. Igual que sus deportistas. Que no pueden competir con la bandera
de su país ni en Mundiales ni en Olimpiadas (71). Nikita Mazepin, piloto
ruso, ha sido despedido del equipo Haas de Fórmula Uno. (72). El
tenista Daniil Medvedev deberá “renegar de Putin” si quiere competir en
Wimbledon (73). Y el Gran Maestro de Ajedrez Sergey Karjakin ha recibido
una sanción de seis meses (74).
La Asociación Ucraniana de Futbol ha retirado a Anatoliy Tymoschuk,
uno de los mejores jugadores de su historia, todos sus títulos y su
licencia de entrenador, debido a “su silencio ante la invasión rusa”
(75). El luchador ucraniano Maxim Ryndovskiy fue torturado y ejecutado
por neonazis, acusado de “equidistancia” en el conflicto con Rusia (76).
¿Algún escándalo en la prensa deportiva?
La caza de brujas en la cultura
La caza de brujas ha llegado también a la cultura. El ruso Valeri
Guérguiev fue destituido como director de la Orquesta Filarmónica de
Múnich (77). Los teatros europeos, como el Teatro Real de Madrid, están
cancelando las actuaciones del Ballet Bolshoi (78). La Orquesta Filarmónica de Cardiff (Gales) ha sacado de su repertorio las obras de Tchaikovsky (79). Debido a las protestas, la
Universidad de Milán tuvo que dar marcha atrás a su decisión de
eliminar un curso sobre Dostoiewski (80). Y la de Córdoba, no solo ha
roto relaciones con el profesorado de Rusia, sino que amenazó con
hacerlo con el de Cuba e Irán “si no rechazaban la invasión rusa” (81).
La Rectora de la Universidad de Valencia llamó a la “auto deportación”
de todo el estudiantado ruso (82).
En Arlington (Virginia), un profesor de escuela que incluyó, en una
clase sobre la guerra de Ucrania, el punto de vista de Rusia, fue
filmado y denunciado por un alumno. Inmediatamente, fue suspendido por
difundir “propaganda rusa” (83).
La locura no para. El nombre del cosmonauta Yuri Gagarin, primer
hombre en el espacio y fallecido hace 54 años, ha sido retirado de un
acto benéfico de la Space Foundation de EEUU (84). No pocos medios
extendieron el bulo de que Rusia iba a abandonar en el espacio a un
astronauta estadounidense, algo completamente falso (85). Como falso fue
que el traje amarillo de unos cosmonautas rusos en la Estación Espacial
Internacional fuera un “acto de apoyo” a Ucrania (86).
¿Crímenes de guerra?
“Criminal de guerra”, acusan a Putin en los medios que jamás
aplicaron dicho término a George W. Bush, José María Aznar o Tony Blair,
tras la invasión de Irak, que provocó centenares de miles de muertes
(87).
¿Algún canal de televisión ha recuperado el video del hoy presidente
de EEUU sobre los bombardeos a Yugoslavia? Pues dijo, exactamente, esto:
“Fui yo quien sugirió bombardear Belgrado. Fui yo quien sugirió enviar
pilotos estadounidenses para destruir todos los puentes” (88). Era 1999.
La OTAN lanzó 2.300 misiles y 14.000 bombas durante 78 días (89).
Asesinó a más de 2.000 civiles (90). ¿Y qué papel jugaron los medios que
hoy se engalanan con la bandera de Ucrania? Recordemos solo la portada
de la revista Time: "Llevando a los serbios al infierno: un bombardeo
masivo abre la puerta a la paz" (91).
Autodeterminación a la carta
Nos dicen que Putin es un tirano porque –aseguran- prohíbe
manifestaciones en contra de la guerra (92). Zelensky acaba de prohibir
la actividad de once partidos, casi todos de izquierda, además del
comunista, que ya era ilegal (93). Por ser “prorrusos”. Todo con el aval
de la Unión Europea (94).
El gobierno de Lituania ha cancelado una donación de 400 mil vacunas
anti-Covid19 a Bangladesh, porque este gobierno se abstuvo en la
votación para condenar a Rusia en la ONU (95).
Suiza, cuya banca guardó el oro del III Reich (96), que protege con
el secreto bancario a narcotraficantes y defraudadores de todo pelaje,
en un gesto “ético –tras alguna que otra amenaza, ¿quizá? (97)-
“abandonará su neutralidad y se unirá a las sanciones económicas” contra
Rusia (98).
Y, para acabar, hablemos de soberanía y de libre decisión de los pueblos.
España acaba de seguir el rumbo que marcó Donald Trump en relación a
Marruecos (99): acepta su ocupación ilegal del Sahara y da una puñalada
por la espalda al pueblo saharaui (100). Que sigue sufriendo los
bombardeos marroquíes (101).
Exactamente igual que con el Sahara, ni España, ni EEUU, ni la Unión
Europea, ni Ucrania están dispuestas a respetar la voluntad inequívoca,
expresada en referéndum y cercana al 90 %, de la población de Crimea
(102) y Donbass (103).
Voluntad que, en los medios occidentales, convertidos en artillería
ideológica de la OTAN, ni se menciona como una de las claves ineludibles
para la solución del conflicto.
Hoy vivimos un macartismo en estado puro. Una Dictadura Global.
Frente a la que será imprescindible organizar la resistencia (104).
Concentración en la Puerta del Sol contra la guerra y la OTAN.- Alejandro Martínez Vélez / Europa Press
Augusto Zamora / Tomado de Cubadebate
Una suerte que no haya premio Nobel para la estupidez humana porque
resultaría imposible adjudicarlo de tan abundantes candidatos que
habría, empezando por los gobernantes europeos. La cuestión de Ucrania no es nada de lo que dicen, hasta el espasmo, los medios de comunicación occidentales –más correcto sería calificarles de accidentales.
El caso del avión de Malaysia Airlines derribado sobre Ucrania plantea muchas preguntas. Qué hacían aviones ucranianos de combate cerca de él ? Porque los controladores áereos ucranianos le exigieron disminuir su altura ? Qué hacían divisiones de misiles antiáereos ucranianos allí ? Por qué hay tanto ataque mediático a Rusia, si no tiene ni armas ni fuerzas en el conflicto ucraniano ?
A esta hora, la embajada rusa en Ucrania es asediada por manifestantes ultranacionalistas ucranianos. Se pintan svásticas. Se lanzan petardos y otros objetos contra el edificio, ante la mirada de la policía ucraniana.
Este artículo refleja la percepción de un destacado analista políticosobre las sanciones de Occidente contra Rusia. Los habituales imperialistas obvian que el referendo crimeo mostró la voluntad popular en esa península.
Pepe Escobar / Asia Times Online / Traducido para Rebelión por Germán Leyens
"Si llegamos a un campo de minas nuestra infantería atacará exactamente igual que si no existiera (Mariscal Georgui Zhukov)."
Comencemos por lo serio. Mientras el Consejo de la Federación de Rusia ratifica un tratado con Crimea, consumando su anexión formal, Ucrania firma los capítulos políticos de un acuerdo de asociación con la Unión Europea (UE). La firma del acuerdo completo con la UE solo tendrá lugar más adelante en este año.