sábado, 13 de junio de 2026

Reflexiones del Profe: Revolución no es un manual teórico.

Por Roberto R Davila Cabrera

En mi ya larga vida, que deseo sea más larga, no le quepa duda a nadie, tuve la oportunidad de poder estudiar y aprender teoría revolucionaria, primero, por vínculos personales desde que era un fiñe, con militantes del Partido Socialista Popular, con miembros del Movimiento 26 de julio, y después del triunfo revolucionario del 59, la revolución me fue formando, y preparándome teóricamente.
Trabajé como profesor y dirigente docente por más de 25 años en el Sistema de Escuelas del Partido, obligado a realizar los estudios e investigaciones de la realidad cubana revolucionaria en movimiento, hasta mi jubilación.
Esos procesos me han enseñado a respetar la teoría y a comprender la necesidad de su desarrollo constante, de no convertirla en dogma, y a no esquematizar la vida en movimiento en un esquema teórico, en tratar de evitar a toda costa y costo el doloroso proceso de tratar de imponer a la realidad lo que la vida dice que no es válido para ella.
Aprendí con Marx, Engels, y Lenin, en sus principales obras, que los principios revolucionarios y científicos no se imponen a la realidad, sino que ellos son resultado de la generalización teórica de esas experiencias, y son válidos en la misma medida en que se corresponden con las exigencias de la realidad, de la vida en movimiento.
Aprendí de Fidel, de Raúl, y otros principales dirigentes de la Revolución Cubana a cuidar la teoría revolucionaria marxista leninista, a su cuidadosa aplicación para los asuntos y fenómenos que requería la revolución en Cuba, en circunstancias muy particulares, diferentes a cualquier otro movimiento revolucionario, triunfante o no, aunque siempre aprendiendo de tales procesos.
Aprendí que, si los principios son resultado de la vida en movimiento, ellos mismos están obligados a cambiar al cambiar las circunstancias y condiciones de su aplicación. Y Fidel fue el mejor maestro en esto.
Desde el estudio de los clásicos quedó claro que, sin teoría revolucionaria, tampoco hay movimiento revolucionario, como afirmó Lenin.
También he podido aprender que el teoricismo, que no es lo mismo que teoría científica, el manualismo con contenidos en bloque que solo llevan a consecuencias cuando menos no deseadas, no pueden ser característicos de una revolución verdadera.
Y he podido aprender que el abandono de las posiciones teóricas fundamentadas en la ciencia, siempre han llevado a la derrota de causas revolucionarias justas y necesarias.
Es aparentemente fácil hablar de dialéctica, lo que no es tan fácil es ser dialéctico en la acción práctica.
No idealicemos la vida y sus necesidades. Ninguna revolución es igual a otra, y hay movimientos de avance, unos de grandes magnitudes, otros más modestos, como también hay retrocesos por razones muy diversas, donde hay errores, pero también imposiciones de las circunstancias que se viven.
En Cuba vivimos momentos que parecen nuevos sin serlo, son tan viejos como la propia historia humana, y hay otros realmente nuevos que no aquilatamos en toda su magnitud. La convivencia simultánea y paralela de formas de propiedad, por ejemplo, privada o social, ha sido propia de todas las formaciones económico sociales que han existido y existen.
La Revolución eliminó casi por completo las relaciones capitalistas, y desarrolló las socialistas, durante un tiempo posible; hoy por circunstancias históricas resurgen esas relaciones que se habían eliminado.
Pero lo nuevo, lo que significa futuro, es la relación socialista, y en ello debemos trabajar con plena conciencia individual y social.
No nos dejemos engañar por la guerra mediática que se nos hace, basada en manipulaciones, tergiversaciones, la mentira, el engaño, el montaje de patrones y esquemas que niegan el significado de la revolución y sus hechos, y las de sus dirigentes y del propio pueblo que ha realizado con su esfuerzo las transformaciones.
La Revolución se hizo para enfrentar y resolver los problemas de la vida presente de un pueblo, y simultáneamente, se ha trabajado para alcanzar el futuro que nos merecemos. No neguemos la obra realizada; ahí está como legado, pero ella misma no es un proceso concluido, sino en marcha permanente.
Aprendamos de la realidad en movimiento, elaboremos las bases teóricas que de ella se derivan y que tanto necesitamos, sin dogmas ni imposiciones de esquemas que la vida ha derrotado, hay carencia de ello, pero sin tirar el niño junto con la palangana y el agua que contiene por la ventana, dice un viejo dicho que también es de hace mucho tiempo

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