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domingo, 20 de julio de 2025

Ser revolucionario en Cuba, hoy

Por Enrique Ubieta / Este artículo fue publicado originalmente en el sitio Cubadebate el 16 de septiembre del 2016. Para nuestro equipo editorial mantiene plena vigencia.

¿Qué significa ser revolucionario? Los estudiosos del marxismo saben que en sus orígenes, el partido socialdemócrata se fracturó: los reformistas, cada vez más alejados de las concepciones de Marx, se quedaron con el nombre y los revolucionarios crearon el partido comunista. La polémica “reforma vs. revolución” tiene una larga historia. Ahí están los textos de Lenin, de Rosa Luxemburgo, entre otros.

viernes, 23 de julio de 2010

¿Para quiénes son útiles los presos?

Este artículo de Ubieta sigue diciendo lo que a mi también me parece. Por eso lo publico.

¿Para quiénes son útiles los presos?

Enrique Ubieta Gómez
La isla desconocida


Ahora viene el problema. Los ex presos llegan a Madrid. La prensa los acoge por unos días. Si tienen suerte, empezarán a vivir de su trabajo y no de la actividad subversiva, que estaba bien remunerada. Quizás alguno logre enganchar un puesto en la guerra del ciberespacio. Pero no es fácil, como decimos los cubanos, en medio de la crisis. No sé a cuánto pagarán los comentarios (las diatribas ofensivas o amenazantes que lanzan a los blogs de autores revolucionarios), pero si no las publicamos, no cobran. Poco a poco serán olvidados. Ya no sirven. Es decir, ya no son útiles para el antiguo promotor, el imperialismo estadounidense.

La ecuación es sencilla: un contrarrevolucionario en las calles de La Habana vale algo, pero vale poco. No inspira a nadie. Los que pagan los prefieren presos o en huelga de hambre. Preferiblemente moribundos o muertos. ¿Cuantas historias de secuestros y de golpizas públicas de quince minutos, sin testigos oculares ni huellas en la piel, ha tenido que inventarse Yoani, para poder suplir la crónica falta de espectacularidad o de heroísmo que padece su “disidencia” ciberespacial? ¿Sobre qué argumento montar la próxima campaña mediática? Fariñas tendrá que tomarse unas vacaciones antes de lanzar su huelga de hambre número 25 ó 26, no sé. Y tener a mano un buen pretexto. Pero las Damas de Blanco se quedaron sin pincha. Sin objeto social, en el lenguaje burocrático de la empleomanía.

En el nerviosismo triunfalista empieza a vislumbrarse la desazón. Las demandas de las trasnacionales de prensa y de los políticos metropolitanos se travestían de razones humanitarias, pero el objetivo no era liberar a los mercenarios, sino impedir –esgrimiendo el chantaje-, que eso ocurriera. Lo que se quería –lo que se quiere-, es derrotar a la Revolución. Y un mercenario preso vale más que cinco en la calle y que diez en España. No ha pasado nada, dicen ahora. Raúl Rivero, cuya pluma de poeta se solventa en las redes de la derecha hispano-estadounidense (me refiero a la derecha-PP, no a la derecha-PSOE), asegura, según EFE, que la excarcelación es “una decisión unilateral” del Gobierno cubano que no ha estado influida por las conversaciones con el Gobierno español y la Iglesia Católica, una especie de jugada de engaño. El PP trata de prolongar todo lo posible el show mediático de los ex presos en suelo español, con escaramuzas anti-PSOE.

La Revolución cubana sabe conversar, sobre cualquier tema, de igual a igual. Si el Gobierno de Obama quisiera hacerlo, no encontraría obstáculos. Sin embargo, la escalada subversiva no se detiene. La USAID licitó el pasado 18 de junio 3.650.000 dólares para financiar programas y redes subversivos en Cuba: 500.000 para los que llama “presos políticos” y sus familiares; 1.500.000 para abrir espacios de “libertad de expresión” (estadounidense en Cuba); 500.000 para crear o fortalecer a los grupos religiosos y espirituales alineados a Washington; 500.000 para promover sindicatos privados; etc. Este dinero se suma a los 15 millones de dólares recientemente descongelados del programa Cuba de la USAID. ¿Recibir dinero de un gobierno extranjero con el propósito explícito de subvertir el orden en el país propio, no es un acto execrable y punible? Las leyes europeas y estadounidenses condenan a largas penas a quienes incurren en ese delito. Nadie se lo cuestiona. ¿Quién los llamaría “presos políticos”, o “de conciencia”?

Nada ha cambiado si la Revolución no se desmorona. Y los viejos mercenarios ya no sirven. Ahora sólo son bocas hambrientas en Madrid. Hay que buscar a los nuevos, a los sustitutos. Los hallarán, claro. Y serán detenidos y juzgados, como en cualquier ciudad del mundo. Serán los nuevos “héroes” mediáticos, estrellas fugaces de la guerra imperial. Las Damas de Blanco, otras por supuesto, y quizás algunas de las viejas nostálgicas que se apunten esta vez “de apoyo”, desfilarán con su gladiolo frente a las cámaras de CNN o de TVE. El circo recomenzará. Los presos son útiles para el imperio, solo para él, pero Cuba no tolerará la impunidad. La Revolución tuvo, una vez más, un gesto de altura política, de humanismo; pero Obama al parecer no tendrá la osadía política –los huevos-, de liberar a cinco presos políticos cubanos, esos sí, que lucharon por evitar la muerte de un lado y otro del mar.

jueves, 25 de febrero de 2010

Zapata: ¿un muerto útil?

La muerte de todo ser humano nos disminuye, dijo alguien alguna vez.. Pero para los poderes mediáticos de este mundo, y para los gobiernos hipócritas del capitalismo mundial, algunos muertos "disminuyen" más que otros....ese es el caso de Orlando Zapata. Una pelea cubana, aunque lamenta la muerte de un compatriota, no puede dejar se sumarse a quiénes denuncian toda manipulación del caso.

Enrique Ubieta / Tomado de Cubadebate

La absoluta carencia de mártires que padece la contrarrevolución cubana, es proporcional a su falta de escrúpulos. Es difícil morirse en Cuba, no ya porque las expectativas de vida sean las del Primer Mundo -nadie muere de hambre, pese a la carencia de recursos, ni de enfermedades curables–, sino porque impera la ley y el honor.

Las Damas de Blanco y Yoani pueden ser detenidas y juzgadas según leyes vigentes -en ningún país pueden violarse las leyes: recibir dinero y colaborar con la embajada de Irán (un país considerado como enemigo) en Estados Unidos, por ejemplo, puede acarrear la pérdida de todos los derechos ciudadanos en aquella nación–, pero ellas saben que en Cuba nadie desaparece, ni es asesinado.

Por demás, uno entrega su vida por un ideal que prioriza la felicidad de los demás, no por uno que prioriza la propia. Así que la lamentable muerte de Orlando Zapata, un preso común -de largo historial delictivo, en nada vinculado a la política–, regocija íntimamente a sus hipócritas “dolientes”. Transformado después de muchas idas y venidas a prisión en “activista político”, Zapata fue el candidato perfecto para la autoejecución.

Era un hombre “prescindible” para los grupúsculos, y fácil de convencer para que persistiera en una huelga de hambre absurda, de imposibles demandas (cocina y teléfono personales en la celda) que ninguno de los cabecillas reales tuvo la valentía de mantener.

Cada huelga anterior de los instigadores había sido anunciada como una probable muerte, pero los huelguistas siempre desistían en buen estado de salud. Instigado y alentado a proseguir hasta la muerte -esos mercenarios se frotaban las manos con la expectativa de que muriese, pese a los esfuerzos no escatimados de los médicos–, el cadáver de Zapata es ahora exhibido con cinismo como trofeo colectivo.

Como buitres estaban los medios -los mercenarios del patio y la derecha internacional–, merodeando en torno al moribundo. Su deceso es un festín. Asquea el espectáculo. Porque los que escriben no se conduelen de la muerte de un ser humano -en un país sin muertes extrajudiciales–, sino que la enarbolan casi con alegría, y la utilizan con premeditados fines políticos. El caso de Zapata me recuerda el de Pánfilo: los dos fueron manipulados y de cierta forma conducidos a la autodestrucción de forma premeditada, para satisfacer necesidades políticas ajenas: uno, llevado a una persistente huelga de hambre de 85 días (había realizado ya otras anteriores que afectaron su salud); el otro, en pleno proceso de desintoxicación alcohólica, invitado a beber para que dijera frente a las cámaras lo que querían oir.

Me pregunto si eso no es una acusación contra quienes ahora se apropian de su “causa”. Tienen razón al decir que fue un asesinato, pero los medios esconden al verdadero asesino: los grupúsculos cubanos y sus mentores trasnacionales. Zapata fue asesinado por la contrarrevolución.