Por Luis Fidel Escalante
En un mundo atravesado por guerras ideológicas más sofisticadas que los cañonazos, donde las plataformas digitales reemplazan a los antiguos frentes de batalla y las narrativas sustituyen a los fusiles, el pensamiento revolucionario debe mantener una claridad meridiana: no todo intercambio de ideas es diálogo, y no todo diálogo es un acto de emancipación.