Por Roberto R. Dávila Cabrera
Muchos años de mi vida los he dedicado a la labor de dirección, y después, a su enseñanza, especialmente en la labor de dirección política de la sociedad. Y esa vida me ha enseñado que la ingenuidad, el idealismo y el desconocimiento de la realidad son incompatibles, desastrosos, para cualquier actividad de dirección que realice cualquiera que ejerza esa labor.