Por Alejandro Sánchez
El domingo pasado hablaba sobre las obras en la vida, y también en las revoluciones. Y no, no voy a tratar nada que tenga que ver con cierto serial de los años 80, que en su inicio usaba aquella frase de Martí, de; “En silencio ha tenido que ser…”. Las obras de los órganos y las personas que en total discreción, solo con la gloria de Cuba y la Revolución en sus mentes y corazones, no la suya propia, deben ser respetadas y reconocidas.