jueves, 15 de octubre de 2026

Construcción del Partido Comunista de Cuba: obra del pueblo


Por Roberto R. Dávila Cabrera.

En los tiempos que corren un punto central de ataques contra la Revolución Cubana es intentar tergiversar el papel, lugar y responsabilidad del partido creado por Fidel Castro Ruz y la dirección histórica para conducir colectivamente la obra transformadora que significó y significa este acontecimiento histórico para Cuba y para el mundo.

Mucho se destaca el significado del logro de la unidad de las fuerzas revolucionarias, algo resaltado siempre por Fidel Castro Ruz
Por eso quiero analizar y exponer algunas ideas sobre el o los métodos aplicados en el proceso de construcción o creación de este Partido. Porque la forma de hacer esta obra y su contenido son elementos a tener en cuenta hoy muy seriamente para sostener, mantener, fortalecer y desarrollar esa unidad de las fuerzas revolucionarias en Cuba.
Desde que se llegó a la claridad teórica y política de la necesidad de crear el partido dirigente de la revolución cubana, de manera muy distinta este proceso a como habían transcurrido en otros lugares del mundo mucho antes que en nuestro país en ese momento histórico, puesto que por lo general surgieron los partidos en variados países de Europa, Asia, América, y se encargaron de dirigir los procesos de lucha por alcanzar el poder por parte de las fuerzas revolucionarias, en nuestra Isla de la Libertad la Revolución, sus dirigentes, acometieron la tarea de crear ese Partido después de tomado el poder.
Múltiples y variadas han sido las formas, métodos y procedimientos para el surgimiento, desarrollo, construcción, de los partidos comunistas en este mundo nuestro, donde ha sido necesario tener siempre en cuenta las circunstancias históricas particulares de cada país y organización.
Y todo ello no siempre se expresa en las fundamentaciones teóricas acerca de estos procesos, con excepción de Lenin, que elaboró una amplia teoría acerca del Partido, para las condiciones y circunstancias de la lucha en Rusia y Europa, pero que ha sido utilizada por otras organizaciones con posterioridad, asumiendo ser partidos leninistas de nuevo tipo, para diferenciarse a partidos de otras orientaciones teóricas y políticas, aún siendo progresistas o revolucionarios de etapas históricas anteriores. En la etapa de Marx y Engels, y posteriormente, de Lenin, los llamados partidos socialdemócratas, eran organizaciones fundamentalmente de propaganda revolucionaria. Y debo hacer la salvedad de que el contenido del concepto socialdemócrata de entonces no es el mismo contenido que se asumió después hasta la actualidad.
En Cuba existieron organizaciones socialistas y también comunistas, que asumieron el legado leninista en muchos de sus aspectos teóricos y prácticos, que participaron en la lucha del pueblo cubano contra la explotación capitalista, y durante el enfrentamiento a la tiranía batistiana jugaron un papel activo.
Al triunfar la Revolución en 1959, se integraron a la acción de otras organizaciones revolucionarias, como el Movimiento 26 de julio y el Directorio Revolucionario, en lo que se llamó ORI, Organizaciones Revolucionarias Integradas, que dio inicio al proceso de creación del nuevo partido que necesitaba la revolución.
Se encargó a viejos dirigentes del Partido Socialista Popular la dirección de las tareas a realizar para construir ese nuevo partido, y se dio en esa etapa la amarga experiencia del sectarismo a la hora de seleccionar a los miembros para integrar la nueva organización.
Fidel, con su visión política indiscutible, enfrentó el problema, denunció públicamente los errores del proceso, y dio un vuelco al proceso iniciado, comenzando por el nombre de la organización, denominada entonces Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba, PURSC.
Y dio un gigante aporte al proceso de construcción de ese Partido, al establecer que el mismo se realizara como tarea de masas, del pueblo, teniendo en cuenta claro está, la circunstancia de que ese pueblo estaba en el poder a través de la Revolución que él mismo fue capaz de llevar al triunfo contra la tiranía de turno.
Fue seleccionado el personal encargado de llevar adelante el proceso, se preparó adecuadamente en cuanto a los principios, métodos y procedimientos a aplicar para hacerlo.
Surgieron entonces las llamadas Asambleas de Trabajadores Ejemplares, convocadas en cada centro laboral, Unidad Militar, y otros lugares, con el objetivo central de que fuera el pueblo, los trabajadores, las masas, los que propusieran los candidatos a ser analizados para su posible ingreso o no, de las filas del nuevo Partido dirigente de la Revolución.
Los candidatos, después de ser propuestos y aprobados por esa asamblea, iniciaban el proceso de análisis para el ingreso a la organización, con importantes pasos: entrega de biografías, fotos, su disposición voluntaria a integrar la organización, realización de comprobaciones de las trayectorias de cada candidato propuesto a lo largo y ancho del país, reunión conjunta entre los candidatos de crítica y autocrítica, acuerdo posterior de ingreso o no, aceptación o no del ingreso, conclusiones del proceso, y de nuevo un importante paso ante las masas: información de conclusiones, que podía ser o no aceptado por las mismas, puesto que si surgían nuevos elementos a considerar, se reanalizaba en caso necesario cada propuesta.
Esta concepción del proceso de ingreso, siendo complejo, garantizaba la calidad de los miembros, pero, además, hizo que las masas en cada lugar, por su activa participación en el proceso, vieran y sintieran como suya la nueva organización que se creaba, posibilitó seguirla, motivó a muchos sus deseos de integrar también la organización en otros momentos, al alcanzar individualmente los requisitos de ingreso establecidos.
Durante años los procesos de ingreso se desarrollaron de la manera descrita de modo sintetizado, y esa relación entre pueblo, masa, trabajadores, militantes, y sus dirigentes, se fortaleció en cada lugar.
El proceso de construcción concluyó de hecho al constituirse los organismos nacionales de dirección, el Comité Central y el Secretariado, cada uno con sus contenidos de trabajo específicos en la organización. El Congreso, máximo órgano de dirección, se realizó 10 años después, en 1975.
También en 1965 se creó el periódico Granma, órgano de prensa del Partido, resultado de la fusión de Revolución y Hoy, que cumplió aniversario recientemente.
El proceso incluyó también la creación de los departamentos especializados del Comité Central, o aparato auxiliar del mismo para apoyar su labor.
Las Asambleas de Trabajadores Ejemplares se continuaron realizando hasta 1969, si mi memoria no falla. A partir de esa fecha, o cerca de ella, se dejaron de realizar, por causas diversas, y se adoptó el método de presentación de avales para solicitar el ingreso a la organización. Se mantuvo la consulta con las masas de diversas maneras, pero sin esas Asambleas de Ejemplares, y poco a poco, por formalismos, métodos, superficialidades, y otras múltiples causas, se ha producido una desvinculación creciente entre el Partido y las masas que lo crearon.
Si algo hace falta hoy a nuestro Partido, es fortalecer sus vínculos con las masas, con los trabajadores, con el pueblo en cada lugar, en los barrios, en los centros de trabajo.

Cambiar para mejor, recurriendo a la experiencia histórica, aunque no tenga que ser exactamente igual, porque la efervescencia revolucionaria de la primera etapa de la revolución ya hoy no existe, así como otras circunstancias, como el liderazgo histórico existente entonces, es una necesidad en el camino hacia el futuro, que no es solo de los dirigentes actuales, sino que debe seguir siendo una obra del pueblo, para que el Partido continúe siendo su obra, su confianza, su aspiración revolucionaria hacia adelante en el movimiento histórico, para que las masas lo sientan siempre como su organización, no como algo externo.

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