lunes, 19 de octubre de 2026

Como son las cosas... ¿Crisis cíclica o fase terminal?

Por Alejandro Sánchez

(Hace mucho no escribía bajo este título)
Las protestas en España, Francia, Bélgica, ahora Italia, Argentina..., incluso las "No Kings" en Estados Unidos no son el reflejo de una crisis cíclica. Es la fase terminal del sistema. Ya el sistema capitalista es inoperante.
Lo anterior, por más que se vean banderas de la hoz y el martillo aquí y allá, o se hayan disparado las lecturas del "Manifiesto Comunista", en España, no significa que amanezcamos mañana con socialismo en esos países, ni nada parecido. Pero el sistema está en un punto de ruptura donde ya no es capaz de asimilar sus múltiples contradicciones. Entre ellas, lidiar con los cambios geopolíticos que se avecinan.
Al afirmar lo anterior algunos no lo ven claro porque interpretan la ruptura como que ya está en marcha una revolución de los Soviets en Francia. Y no es así.
El sistema no da más porque las crisis no son controlables y es toda la estructura del sistema capitalista del llamado Occidente Colectivo, la que está cediendo.
Desde 2008, el sistema vive una crisis continua. Aún se están viviendo los efectos de crack inmobiliario y del COVID, economías enteras que no se han recuperado, y sobrevino la III Guerra Mundial entre China y Rusia contra el Occidente Colectivo, en forma de enfrentamientos más o menos directos a través de proxys, aderezado con mucha batalla económica.
La política es la expresión concentrada de la economía, y la guerra la continuidad de esa política por otros medios, explicaba Lenin.
Económicamente es probable que el mundo termine 2026 en recesión. Alemania lleva 2 años sin crecimiento y no dudo que este año decrezca, o sea, entre en recesión.
Ningún país europeo es posible que crezca más de 2 puntos en el PIB, Estados Unidos quizás ni se acerque a eso, porque entre inflación y deuda, su PIB quizás ni llegue a un 1%. Ya el año pasado hicieron maromas para pasar de esa cifra. Y el 2027 no será distinto.
No hay crecimiento sin energía, y todos los países del Norte Desarrollado recibirán la primavera con sus reservas casi en cero, después del invierno y de los reclamos de Donald Trump para intentar calmar la inflación norteamericana y los precios de los combustibles al consumidor estadounidense antes de las Midterm.
Y luego tienen que rellenar, pero la guerra no lo está permitiendo y no lo permitirá. Eso mantendrá altos los precios de los combustibles y algunos productos, encareciendo el resto de la cadena comercial. La economía mundial se estabilizará solamente de aquí a 3 o 5 años, según algunos expertos, y eso pensando que se mantenga el conflicto actual en Medio Oriente así en bajo perfil o regrese la paz, lo cual no sucederá. Por el contrario.
Muy posiblemente en 2027, aumentarán los conflictos, lo cual es normal en el actual contexto, como bien explicara Lenin en "Imperialismo, fase final del capitalismo". La trampa de Tucidides que Xi Jinping mencionaba a Trump durante la visita de este a China, está en pleno desarrollo.
El Medio Oriente tiene que tener una resolución. Ya lo de Palestina no da para más, Siria, Líbano y a eso súmenle los Balcanes: porque lo de Ucrania muy probablemente se extienda a Transnitria y Moldavia, la República Srspka (serbio-bosnios) y Kosovo es otro tema a punto de quiebre. Para no tocar la imprudente conducta de los países bálticos. En África hay muchos conflictos sin resolución y uno de ellos es el de Somalia, ahí a las puertas del Bab el Mandeb, Mar Rojo, por dónde trascurre alrededor del 20% del mercado mundial, y que ya está en litigio por la confrontación entre Arabia Saudita y Ansar-Allah.
Todo ese nivel de tensión va en contra de la economía de los países capitalistas, de por sí debilitada, está restando presupuesto al ya depauperado estado de bienestar y elevando las tensiones guerreristas en todo el continente, Estados Unidos, y satélites de este (Canadá, Australia, Japón, Corea del Sur y otros), sin hablar de las economías más pobres, de naciones como Argentina, Perú, Ecuador, Colombia y el resto de Latinoamérica.
Lo que ocurre, como bien le viera decir recién al comentarista español José Miguel Villarroya, es que no hay un verdadero partido revolucionario que encabece y lidere esas luchas. No hay total situación revolucionaria, como diría Lenin.
Las pálidas izquierdas europeas y latinoamericanas no están preparadas para conducir esos reclamos a cambios profundos, por ello no habrá nuevo ciclo, ni una gestión por parte del sistema de sus contradicciones.
Los grandes clásicos del Marxismo-leninismo dejaron claro que el desarrollo de las fuerzas productivas lleva a una creciente catalización de las contradicciones. Una segunda condición es la toma de conciencia de clase, que los pueblos sean conscientes de su explotación por el sistema y desear cambiarlo. Pero la tercera condición imprescindible para las revoluciones es la existencia de un partido aglutinador de las masas proletarias.
Hoy no hay nada como esto en ninguna parte de Europa, mucho menos los partidos neofascistas y ultranacionalistas que se están alzando.
Lenin, en su estudio de la Revolución Rusa de 1905, planteaba que un partido en acción revolucionaria debe ser aglutinador de las masas y además capaz de mostrarles las contradicciones y necesidad de cambiar la situación.
No necesariamente las revoluciones ocurren donde existen crisis. Estas deben ser entendidas como tal por las masas y surgir la motivación para transformar esa situación. Y es ahí donde se necesita una fuerza dirigente que eduque, aglutine y dirija. Esa situación no existe hoy en el llamado Occidente Colectivo, por lo que sus contradicciones no marcharán a una situación revolucionaria directamente, sino a procesos muy oscuros, pudiendo reeditar el fascismo, el nazismo y el militarismo japonés de los años 30s del siglo XX.
"La lucha política abierta obliga a los partidos a establecer relaciones más estrechas con las masas, pues sin tales vínculos los partidos no son nada".
Lenin. 7.1.1909.

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